Pragmático por su carácter personal y formación académica y por lo que representaba en el mundo de la economía, distinguido por la profundidad de sus más diversos conocimientos y con un trato excepcional a sus semejantes, Juan Mario Laserna, desarrolló la búsqueda de un pensamiento holístico, algo sumamente complejo en la transición de los siglos XX y XXI en los que la especialización del conocimiento, junto a las tecnologías gobiernan, los actuales saberes.

Lo conocí en el año 2009 al inicio de su camino político electoral, lo acompañé hasta el último de sus días, fui testigo de que como economista advirtió con anterioridad la disparidad del sistema pensional, la peligrosa carga tributaria que seguía recayendo en las clases medias y populares consecuencia de los constantes huecos fiscales de la nación, los peligros de los monopolios (especialmente de la telefonía móvil) y el tema de la evasión y los paraísos fiscales, este último con el escándalo de Panamá Papers que terminaron por darle la razón.

Pero al margen de la ciencia económica, podría asegurar que tenía una inmensa curiosidad por los misterios divinos. Uno de sus más íntimos tesoros intelectuales y que compartía con pocas personas, fue, a través de la historia de las religiones, la búsqueda de su propia espiritualidad. Le gustaba asomarse en los recónditos misterios del catolicismo, el protestantismo europeo, la cábala y le seducía de cierta manera las concepciones de las religiones de oriente. Con el afecto que le tuve por sus enseñanzas podría definirlo como un hombre cuyo interior permanecía ávido de grandes conocimientos.

Su contacto con personas cosmopolitas y cultas también le permitió incorporar un gusto excelso por la historia, el arte, la filosofía, la música y la literatura. Tenía la formación de un distinguido burgués, pero su trato jovial le permitía establecer comunicación con un humilde labriego con demasiada facilidad. No era un hombre selectivo y entendía que la sabiduría popular es menos ambigua e igualmente valiosa cuando de aprender algo nuevo se trata.

Lo recuerdo como si fuera ayer montado en un caballo, recorriendo su finca familiar y desplazándose por todos los municipios del Tolima, maravillándose con el paisaje de las veredas haciendo su primera campaña para el Senado. Sí, ese hombre que pudo haber materializado su vida fuera del país, convertirse en un diplomático, banquero o en directivo de algún organismo internacional, disfrutaba y agradecía un agua de panela con queso o un tinto cerrero ofrecidos con generosidad por campesinos que a su paso salían a saludarle y a los que él saludaba con un gesto de bondad.

Siempre le sorprendió que fueran los más humildes y quienes no gozan de los beneficios de la Nación y se ubican en la periferia del Estado, los más atentos y desprendidos con lo poco que poseen, y precisamente esas experiencias personales y el recorrido por el Tolima, lo llevaron a profundizar en la política, entendida como una ciencia que debe generar resultados y garantizar los deberes y derechos de los ciudadanos.

Efectivamente, el bicho de la política comenzó a rondar su cabeza y quiso poner al servicio de su querido Tolima sus conocimientos académicos y sus cualidades humanas, y notó en la práctica que las políticas públicas del Estado resultaban ineficientes porque no llegaban a la gente que verdaderamente las necesitaba, predicaba que el desconocimiento de altos funcionarios por la problemática social en las regiones los llevaba a tomar decisiones no acertadas y que el excesivo centralismo del poder estaba ahogando las regiones, un tema que poco a poco lo distanció del Gobierno y lo llevó a ejercer una voz crítica, pero siempre autorizada.

Desde el Partido Conservador, y ya como senador de esta colectividad, impulsó importantes iniciativas en beneficio del departamento relacionadas con servicios públicos, vías y educación, entre ellas la gestión desde el legislativo ante el Gobierno Nacional en la consecución de recursos para la construcción de vías terciarias, apertura de sucursales bancarias, mejoramiento de cobertura en servicios públicos veredales, construcción de espacios de recreación, como polideportivos para la población rural, mejoramiento de infraestuctura para hospitales y centros de salud, entre otros, que hoy los tolimenses disfrutan

Junto a él recorrí ríos y quebradas que rodean la ciudad de Ibagué desde donde veíamos con gran preocupación la problemática para acceder a este recurso vital, lo que lo alentó a ayudar a gestionar entre otros la consecución de dineros para la construcción del acueducto complementario y el Conpes en agua y saneamiento básico que permitiría beneficiar a más personas con el servicio de agua potable.

Sus obras se pueden traducir en un aporte al desarrollo de la región y al cumplimiento cabal de su palabra y compromisos.

Lo cierto es que la historia dirá que por estas tierras tolimenses anidó un ser humano de mucho vuelo, convencido de que el tema político debe asociarse con el servicio, respetuoso con sus semejantes, curioso como un niño, visionario, intelectual, solitario, pero sobre todo un amigo, cuya temprana partida deja un vacío imposible de llenar, y un maestro del cual heredé el reto de seguir construyendo un Tolima con menos divisiones partidistas y más centrada en el progreso colectivo.

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